martes, 9 de junio de 2009

historia 2/6

Podríamos decir que la clase del día martes 2 de junio se desarrollo sobre dos ejes: en la primera parte debatimos sobre la reforma en el plan de estudio del Profesorado de Historia. Tanto el profesor como los estudiantes manifestamos opiniones; que muchas de ellas dieron origen a sucesivos debates sobre el sistema educativo que actualmente se implementa en el país.
Luego vimos el documental llamado “el mundo según Monsanto”
El documental es sobre la empresa multinacional Monsanto y de cómo sus productos impactan en el medioambiente. Dicha película es una investigación exhaustiva de la periodista francesa Marie Monique Robin.
La periodista estuvo durante meses recaudando información de Monsanto. Esta empresa multinacional norteamericana en su página webb se presenta como una compañía agrícola que mediante sus productos se puede producir alimentos más sanos reduciendo el impacto de la agricultura sobre el medioambiente.
Uno de sus productos es el herbicida Roundup que lleva 30 años en el mercado.
Monsanto es también líder mundial en biotecnología. El 90 % de los OGM cultivados en el planeta son suyos y en su gran mayoría han sido manipulados genéticamente.
Monsanto en sus orígenes era una empresa química que incorporaban aceites químicos en los transformadores eléctricos. Todos estos productos se prohibieron en la década del 80 por tener PCB. A través del acceso a archivos confidenciales se descubre que Monsanto estaba al tanto de la toxicidad de sus productos con PCB desde que comenzó a producirlos, pero para no perder dinero ocultó la información de sus estudios; exponiendo a toda una ciudad. Actualmente en Anniston, la ciudad en donde la empresa operaba, se siguen sumando las muertes por enfermedades relacionadas al PCB, como la hepatitis, distintos tipos de canceres y diabetes. También el nacimiento de niños con bajo coeficiente intelectual o abortos naturales y mal formaciones.
Hasta hace muy poco tiempo la empresa en sus comerciales se jactaba de que su producto el “Roundup” era biodegradable pero luego de ser condenados por publicidad engañosa tuvieron que omitir esta palabra en sus envases. A raíz de esto, Monique comienza a investigar y da con el científico Belle quién a través de sus estudios comprobó que este producto provoca una alteración en las células haciéndolo altamente tóxico. Una de las cuestiones importantes a analizar es que tales enfermedades como el cáncer aparecerán en las personas que consumieron los alimentos rociados con el Roundup dentro de los próximos 30 años, mientras tanto la empresa sigue con su monopolio. Lo peor es que esta información se ocultó a la opinión pública para proteger el desarrollo de las OGM (organismos genéticamente modificados).
En el documental también se explica que para que la soja sobreviva a este producto alteraron el ADN incorporándole un gen que hace que la soja resista perfectamente el rocío con Roundup.
El problema presente es que cuando se organizó la reglamentación para los OGM, se benefició la cuestión política (por la importancia que significaba para Estados Unidos seguir con el desarrollo de estas técnicas) y se omitieron los problemas que podían surgir de estas manipulaciones.
La FDA (Food Drug Admnistration) encargados de la administración de alimentos y fármacos en Estados Unidos para poder reglamentar las plantas OGM se basó en el principio de “equivalentes sustanciales”: significa que una planta OGM es similar a una planta convencional. Desde esta óptica no se ha estudiado si las plantas que son alteradas en su ADN pueden traer aparejado daños a sus consumidores.
Investigaciones mas profundas vislumbran en Monsanto una estrategia sin límites que abarca las esferas gubernamentales que son las encargadas de la aprobación de los productos en el mercado. También, esta multinacional está sospechada de ser causante de dramáticos cambios en los animales que fueron tratados con la hormona de crecimiento bovino. En Canadá han tratado mediante coimas de ingresar dicha hormona.
Otra de las causas que generan profundos temores, es que muchos ex empleados de Monsanto tienen puestos en el FDA; y en el momento que se aprobó dicha hormona era fundamental para los Estados Unidos el desarrollo de la biotecnología.
Por lo tanto, podemos aseverar que este país planteo primeramente sus intereses económicos sin tener en cuenta el desastroso impacto que podían tener en el medioambiente. Esta campaña inescrupulosa bajo el lema de “principios de equivalencia sustancial” pone a todo el mundo en riesgo.
Hoy en día, el 70 % de los transgénico es resistente al Roundup. Y a medida que pasa el tiempo esta compañía recauda más poder, ya que, al monopolizar las plantaciones con sus semillas hacen que los campesinos dependan de los precios que impone la empresa para la compra. Por ejemplo: en la India, Monsanto controla la totalidad de las semillas de algodón que las vende cuatro veces más caras que las convencionales. De esta manera, los campesinos se ven obligados pedir préstamos para luego terminar endeudados. Un estudio reciente demostró que el índice de suicidio entre los campesinos dedicados al cultivo de algodón en los últimos años creció enormemente.
Otros estudios, en las comunidades indígenas de Oaxaca, México: han demostrado que las variedades de maíz tradicional que se creían totalmente naturales ya contienen elementos transgénicos.
Por lo tanto, nos encontramos con una situación alarmante ya que sí Monsanto obtiene los derechos de propiedad de las semillas genéticamente modificadas tendremos que depender de estas y de sus herbicidas para cultivar el campo. De esta manera y si no se pactan normas para frenar a esta multinacional; pronto Monsanto podrá controlar todos los alimentos que consumimos y así también podrá controlar el mundo entero.
Artículo relacionado en la webb.
http://gaiaxxi.iespana.es/sopagenes-ghumano6.htm
Sopa de genes
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¿Por qué la ingeniería genética no va a alimentar al mundo?
23/06/01
Miguel Altieri y Peter Rosset
Las compañías biotecnológicas afirman que los organismos genéticamente modificados (ogm) son descubrimientos indispensables para alimentar al mundo, proteger el ambiente y reducir la pobreza en los países en desarrollo.
Esta opinión se apoya en dos suposiciones muy cuestionables. La primera es que el hambre se debe a una brecha entre la producción de alimentos y la densidad de la población. La segunda es que la ingeniería genética es la mejor forma de incrementar la producción agrícola y, por tanto, de satisfacer las necesidades futuras de alimentos.
No hay relación entre la existencia de hambre en un país y su población. Por cada nación densamente poblada y hambrienta como Bangladesh o Haití, existe una nación escasamente poblada y hambrienta como Brasil e Indonesia.
El mundo produce hoy más alimento por habitante que nunca antes. Existe suficiente comida para suministrar casi dos kilos por persona cada día: poco más de un kilo de granos, frijoles y nueces, cerca de medio kilo de carne, leche y huevos, y otro tanto de frutas y vegetales. Las verdaderas causas del hambre son la pobreza, la desigualdad y la falta de acceso a los mercados. Demasiadas personas son muy pobres para comprar el alimento que está disponible o carecen de la tierra y recursos para cultivarlo ellos mismos.
Con respecto a la segunda suposición, observamos que la mayoría de las innovaciones en ingeniería genética han sido dirigidas prioritariamente para aumentar las ganancias de las compañías y no, como se afirma, para aumentar la productividad agrícola. Esto se ilustra al revisar algunos productos que ya son comercializados por multinacionales como Monsanto. Por ejemplo, más del 80 por ciento de los cultivos transgénicos hoy día son resistentes a marcas de herbicidas propiedad de la misma empresa. La meta no es incrementar la producción, sino ganar una mayor participación en el mercado de herbicidas.
Alternativas seguras de producción agrícola
Estas tecnologías buscan, sobre todo, intensificar la dependencia de los agricultores de las semillas protegidas por el llamado "derecho de propiedad intelectual", que se opone al derecho de los campesinos a reproducir o almacenar sus propias semillas. Las corporaciones tratan de inducir a los agricultores a comprar los suministros de sus marcas y hacerles imposible guardar semillas.
La integración de las industrias agroquímicas y de semillas bajo las mismas transnacionales lleva a incrementar los gastos en semillas y productos químicos, lo que resta utilidades a los agricultores. En Illinois, Estados Unidos, la adopción de cultivos resistentes a los herbicidas (semilla de frijol de soya más plaguicida) constituye uno de los más caros sistemas de producción: fluctúa entre 40 y 60 dólares por acre, lo que representa entre el 35 y el 40 por ciento de todos los costos variables de producción. Tres años atrás, el promedio de esos mismos costos era de 26 dólares por acre y representaba el 23 por ciento del total de los costos variables.
Pruebas experimentales recientes indican que las semillas transformadas por la ingeniería genética no aumentan el rendimiento de los cultivos. Un estudio del Departamento de Agricultura de Estados Unidos muestra que los rendimientos de cultivos manipulados genéticamente no fueron significativamente diferentes a los rendimientos obtenidos con cultivos convencionales en 12 de las 18 combinaciones de cultivo/región. En promedio, la soya resistente a herbicidas redujo el rendimiento.
A la vez, cabe mencionar que pudimos investigar y comprobar que hay otras maneras de producir los alimentos que rinden mucho más que los cultivos transgénicos. De hecho, hay alternativas más seguras en términos de salud humana y ambiental que sobrepasan las proyecciones más optimistas de las compañías biotecnológicas.
Muchos científicos argumentan que la ingestión de productos modificados genéticamente no es dañina. Sin embargo, evidencias recientes muestran que existen riesgos potenciales al comerlos, ya que las nuevas proteínas producidas en dichos alimentos pueden: actuar ellas mismas como alergénicos o toxinas; alterar el metabolismo de la planta o el animal que produce el alimento, lo que hace a éste producir nuevos alergénicos o toxinas, o reducir su calidad o valor nutricional. Tal es el caso del frijol de soya resistente a herbicidas pero que contienen menos isoflavones. El isoflavón es un importante fitoestrógeno presente en los frijoles de soya que se considera protege a las mujeres de algunos tipos de cáncer.
Las plantas transgénicas que producen sus propios insecticidas siguen el fallido paradigma de los plaguicidas. En lugar del modelo "contra una plaga, un producto químico", la ingeniería genética prefiere: "a una plaga, un gen". El primer esquema ha mostrado su fracaso en pruebas de laboratorio, ya que las plagas se adaptan rápidamente y desarrollan resistencia al insecticida presente en la planta.
Por otra parte, la tendencia de las corporaciones transnacionales a crear amplios mercados para productos particulares está simplificando los sistemas de cultivo y creando uniformidad genética en los ambientes rurales. La historia enseña que un área extensa sembrada con una sola variedad es muy vulnerable a nuevas cepas de patógenos o plagas de insectos.
Contaminación genética irreversible
Además, el uso extendido de organismos genéticamente modificados llevará inevitablemente a la "erosión genética", en la medida en que las variedades utilizadas tradicionalmente sean reemplazadas por las nuevas semillas. El uso de cultivos resistentes a los herbicidas debilita paulatinamente las posibilidades de diversificación de cultivos y reduce así la biodiversidad agrícola.
Un peligro potencial poco investigado es el de la contaminación genética de variedades tradicionales a través de la polinización por variedades transgénicas. En México existe el riesgo de que las más de 5 mil variedades de maíz existentes en esta región ¬que dio origen a este cultivo tan importante y que son herencia de toda la humanidad¬ queden irreparablemente contaminadas si se llega a sembrar maíz transgénico dentro del territorio nacional, actividad actualmente prohibida.
Existen muchas incógnitas acerca del impacto de los productos manipulados genéticamente. Muchos ecólogos demandan una regulación apropiada que medie entre la experimentación y la autorización de los cultivos transgénicos para asegurar una mejor evaluación de sus consecuencias ambientales. De igual manera muchos expertos en la nutrición humana insisten en que son necesarias más y mejores evaluaciones premercado antes de arriesgar la salud de los consumidores.
Miguel Altieri:
Profesor de la Universidad de Berkeley en California
agroeco3@nature.berkeley.edu
Peter Rosset:
Codirector del Institute for Food and Development Policy (Food First)
rosset@violet.berkeley.edu
En la red: http://www.foodfirst.org "Rebelion"

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